EL ADOCTRINAMIENTO SIRVE A LOS INTERESES DE LA IZQUIERDA RADICAL por @Luz3400

El propósito de la educación ha sido, es y será el de ofrecer a la persona un aprendizaje útil para su desarrollo integral, perfeccionamiento en sus capacidades e independencia para desenvolverse con libertad, criterio y digna aspiración en la sociedad que le acoge y en la que participa y en el mundo. Este proceso tan antiguo como la humanidad, parte del entorno inmediato, que es la familia, luego el grupo y se extiende hasta el límite que el propio individuo establezca por sus necesidades, sus aptitudes o desde sus posibilidades.

La educación permite ser y sentir en plenitud, abre puertas y divisa horizontes que la ambición de mejora —sin perjuicio a terceros— alcanza y sobrepasa para descubrir otros tan o más apasionantes mundos.

Educar es competencia de quien debe, puede y sabe: familia, maestros, centros de estudio, interés personal en averiguar estudiando, siempre aprendiendo para aplicar, para transmitir ese conocimiento que exige ser compartido si quien lo imparte merece la calificación docente en el ámbito que sea.

Nada tiene que ver —o debería tener que ver— la educación con el aleccionamiento. Como tampoco, y resulta obvia la diferencia, el adoctrinar en principios y valores con el adoctrinamiento en objetivos o fines.

Hace décadas que la educación es un negocio muy rentable para aquellos que siempre han querido dominarla a cualquier precio, que en la Transición reclamó la izquierda política y la derecha política concedió junto a otras parcelas sociales a cambio de un consenso y otras prebendas —de aquellos barros, estos lodos—Repartida la tarta quien sale ganando es la izquierda, como de costumbre, pues beneficiada por la prosperidad del sistema en sus facetas económicas y jurídicas, dispone sin control ni más encomienda que la suya del futuro manejando los hilos de la educación. Una educación transformada en aleccionamiento.

Le trae sin cuidado a la izquierda —o quizá le satisface— que los diversos informes dando cuenta del resultado de las políticas educativas en España nos sitúe en posiciones de vergüenza. Cuanto más lerdos los alumnos, más posibilidades de voto a sus siglas — educa en la ignorancia y manipularas a un pueblo—. Claro que los hijos de sus dirigentes no acuden a la escuela pública, faltaría más, que el ser de izquierda no excluye el compromiso con la familia —muestras hay para regalar y vender—, deseosos los padres de dotar a su progenie con el suministro intelectual de las escuelas privadas de la civilización occidental, casualmente la cristiana, la tan “denostada” por ellos, mire usted por dónde.

Vamos, que una cosa es predicar y otra dar trigo. Para la masa el aleccionamiento, la imposición demagógica y los postulados adoctrinadores de la ideología izquierdista; para los que van a dirigirla —y de ella vivir—, la educación ha de ser esmerada, libre, completa y multinacional. La paradoja es bien visible en, por ejemplo Juan Carlos Monedero , ex-secretario de Proceso Constituyente y Programa del partido político Podemos y asesor en su momento del gobierno venezolano, ideólogo del 15-M que encontró en la UCM un nicho del aleccionamiento desde la ideología y así podríamos citar a muchos más, como Rubalcaba, recientemente fallecido, que en su momento tuvo un papel importante en la descomposición de las vías educativas, esas que nos hacen seres libres e inteligentes para pensar y decidir.

Ya lo dijo Michel de Montaigne, la verdadera libertad consiste en el dominio absoluto de sí mismo.

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